GRAFFITI BARCELONA SUBWAY La estación del Coll/La Teixonera, en la línea 5

LA CIUDAD DE BARCELONA Y EL PROTOCOLO PARA LOS GRAFITEROS DEL METROPOLITANO

La estación del Coll/La Teixonera, en la línea 5, ha obligado a cortar el servicio de metro durante ocho horas entre las estaciones de Horta y Vall d’Hebron el pasado año 2016 por la intrusion dentro de las instalacciones unos grafiteros. Pintar los trenes del metropolitano de Barcelona para algunos puede ser gracioso, pero es una situación arriesgada y tiene consecuencias legales, que los jóvenes deben saber sus "consecuencias penales" si son arrestados por estos hechos.
Un dispositivo policial ha permitido detener a seis personas. La Guardia Urbana, Bombers de Barcelona y la unidad de subsuelo de policía autonómica forman parte de este dispositivo para encontrar a este grupo de grafiteros.
El servicio de metro en la línea 5 ha quedado parado alrededor de las 8:35 horas entre Horta y Vall d’Hebron, y ha afectado a las estaciones de El Carmel, Coll/La Teixonera y Vall d’Hebron, según informa TMB, que ha tenido que habilitar un bus especial alternativo para cubrir el trayecto. .
Los detenidos son seis hombres de entre 21 y 26 años y de nacionalidades española, portuguesa y griega. Se les acusa de los delitos de daños y desórdenes públicos, según han informado  los mandos de la Policia autonomica de la Genealitat de CatalunyaMossos. Este suceso coincide con la celebración de la primera de las jornadas de huelgas parciales convocadas en el metropolitano de Barcelona.  Invasiones de Grafiteros en las instalacciones el pasado año 2012 dentro de las instalacciones de la empresa pública Transportes Municipales de Barcelona #TMB -Ferrocarriles metropolitanos de Bcn http://wp.me/p2mVX7-1jZ  http://www.twitter.com/@segurpricat #Metropolitano

Se buscan cualquier forma para hacerlo, y se juegan incluso el pellejo. Pintar un vagón de tren de la Renfe, de metropolitano TMB o de los ferrocarriles de la Generlitat se ha convertido en una especie de “juego de rol” para los grafiteros, explica el subinspector de los Mossos d’Esquadra, Carles Vallès. Solo en el metropolitano de Barcelona, el año pasado se pintaron 1.800 coches, lo que costó 580.000 euros. Cada vez que alguien pinta un vagón, las operadoras deben limpiar, repintar y pagar el coste de seguridad para evitar todos los problemas que comporta para el suburbano. En una reunión el año pasado, se calculó que el coste de los grafiteros ascendió a la astronómica cifra de seis millones de euros para todas las operadoras, Renfe, Ferrocarrils de la Generalitat (FGC) y Metro, cuenta Vallès.
También en Metro, el 17% de las paradas que sufrió la línea en 2012 se debió a la actividad de estos dibujantes, que tienen entre 17 y 35 años, la mayoría son de nacionalidad española. Suelen actuar a cualquier hora del día, cuando creen que nadie les puede ver. Sus murales (que ocupan los 80 metros que mide un vagón) requieren una preparación previa en varias fases.
Las primeras son para conseguir abrirse un camino hasta las cocheras en las que duermen los trenes. “Entran bajando al andén, sin pagar billete. Se cuelan por el túnel, hasta que llegan a las cocheras. Pueden estar caminando por la vía durante 20 o 25 minutos”, cuenta el subinspector, lo que obliga a interrumpir el tráfico cuando son detectados. “Otras veces entran por una puerta de emergencias, o por los pozos de ventilación. Y también las rompen”, prosigue. Incluso han llegado a cerrarlas con candados propios, para que nadie más pueda utilizarlas, lo que en caso de una emergencia, pondría en grave peligro la seguridad. En su camino, van inutilizando también las cámaras de vigilancia, y usan mazos, incluso radiales, para horadar, si hace falta, las paredes.











La actividad del grafitero suele llevar aparejada otro tipo de delitos, como robos o hurtos
Una vez han descubierto y despejado el camino, lo memorizan para el día en el que deciden perpetrar su obra. Suelen actuar de grupos de entre cinco y nueve personas, van tapados, y son muy ágiles con el spray. “Una vez son detectados, el personal propio del operador va al lugar. Antes, con cuatro gritos solían marcharse. Ahora nos hemos encontrado con un aumento de la violencia caso en los que han rociado con el extintor a un trabajador de un empresa de seguridad: vigilante de seguridad o le han arrojado el bote del spray”, relata.
En un año, la actividad de los grafiteros se ha duplicado, de las 300 denuncias de 2011, a las 600 del año pasado, explica Vallès, que no encuentra un motivo concreto para el aumento. “Nos encontramos con entre dos y tres intrusiones al día”, cuenta el responsable del Área de Seguridad de Transporte Metropolitano. Semanalmente, Renfe presenta unas 60 denuncias.























El hecho de pintar con espray un tren es solo una falta de deslucimiento, pero la actividad del grafitero suele llevar aparejada otro tipo de delitos, como robos o hurtos: han llegado a sustraer de un tirón las llaves que llevan en el cinto los vigilantes para tener acceso a zonas restringidas.
Los Mossos tienen 28 investigaciones abiertas, han detenido a dos personas, y denunciado a 38. El último caso es el de cinco jóvenes a los que detectaron pintando trenes en La Sagrera. “Entraron por las ventanas del techo, y se descolgaron con cuerdas”, recuerda Vallès. A través de la coordinación internacional, supieron que uno de los grafiteros era de Portugal, y se había trasladado a Barcelona para el grafiti. Su mayor éxito es que los trenes circulen pintados, aunque las operadoras lo impiden siempre que lo detectan.








LOS VIGILANTES DE SEGURIDAD DEL METRO DE BARCELONA SUFREN UNA MEDIA DE 20 AGRESIONES AL AÑO.


LOS VIGILANTES DE SEGURIDAD HABILITADOS DEL METROPOLITANO DE BARCELONA SUFREN UNA MEDIA DE 20 AGRESIONES AL AÑO.
Barcelona. (EP).- Los vigilantesde seguridad del Metro de Barcelonasufren una media de 20 agresiones al año, la mayoría consistentes en fracturas, contusiones, navajazos, arañazos e incluso mordiscos, según revelan datos de entre 2009 y 2011 a los que ha tenido acceso Europa Press. Según fuentes sindicales de Securitas, en 2011 se registraron 21 bajas laborales por agresión, tres menos que en el año anterior, cuando incrementaron en cinco los casos, pasando de 19 a 24 -a razón de dos al mes-, cifras que contrastan con las proporcionadas por fuentes de Prosegur que incrementan a seis el número de ataques mensuales.
Los vigilantes de seguridad habilitados que se sienten “totalmente desprotegidos” porque funcionan con patrullas de sólo dos personas por turno en cada una de las ocho líneas, lo que consideran insuficiente para enfrentar situaciones de conflicto que se generan a diario en el transporte metropolitano subterráneo de Barcelona. Además, desde hace unos tres años, con la llegada de la crisis económica, se ha introducido la figura del “agente único” que hace funciones tanto de vigilancia en los vagones como en los tornos para validar el tique, donde se producen la mayoría de los incidentes.
Fuentes de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) han indicado  que disponen de un protocolo de seguridad que, no obstante, tiene “una operativa reservada”, y tampoco han podido concretar el número de vigilantes que trabajan en el metro porque, según dicen, están contratados por horas. Para protegerse están dotados de los llamados Equipos de Protección Individual (EPI) formados por una gorra americana revestida de chapa, chalecos antipinchazos y guantes anticortes para evitar hacerse daño con navajas y jeringuillas, además de porra, esposas y chaleco de ropa reflectante, aunque desde hace una década no llevan armas, en este caso el vigilante de seguridad con licencia de armas C revolver .
De ‘trileros’ a latin kings
Y es que la afluencia de gente diversa que se aglomera en el metro les lleva a enfrentarse a todo tipo de sujetos: desde carteristas, ‘trileros’ y vendedores ambulantes a bandas latinas, los más peligrosos porque suelen ir armados con navajas y cuchillos: “Cuando te enfrentas con la mayoría de latinos o carteristas ya sabes que la cosa va a acabar mal”. “Para mí, trabajar en el metro no está pagado porque cada día es una lotería”, ha lamentado un vigilante en declaraciones a Europa Press, quien ha reclamado más efectivos para trabajar con más seguridad y efectividad y ha criticado la lentitud en la respuesta de la policía.
Hace un año que los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana iniciaron un operativo conjunto en el metro barcelonés que ha permitido ahuyentar a 150 carteristas -casi la mitad que en 2011- y reducir de 28.000 a 22.7000 los hechos delictivos en un año. No obstante, los vigilantes critican que no colaboran de forma directa y organizada con los cuerpos policiales y que tampoco pueden comunicarse directamente con ellos cuando hay sucesos, puesto que deben pasar siempre por el Centro de Control.
Por todo ello puntualizan que el operativo de los vigilantes de metro sirve “más bien para dar imagen que para evitar atracos” y que a menudo, los agentes únicos reciben órdenes de alejarse si les sobreviene un conflicto. Las mismas fuentes han explicado que las zonas más conflictivas, donde se producen la mayor parte de estas agresiones, son las más concurridas como la L3 en Les Rambles -Liceu, Plaça Catalunya, Drassanes- y la L1 -Espanya, Glòries y Sant Andreu Arenal- por la proximidad de centros comerciales.

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